Jesús Málaga en su libro ‘Desde el balcón del Ayuntamiento. Memorias de un alcalde’, explica que la plaza de San Román se resolvió con la creación de dos niveles. El primero a la altura de la iglesia que le da nombre y la torre del convento de Santa Clara, y el segundo a la altura del palacio de los Francos, casa de los Ramos del Manzano. Ambos espacios se comunican por una escalinata y un graderío que salvan los desniveles. También se accede de uno a otro especio a través de una rampa.
Esta preciosa plaza está presidida por el claustro de los Francos, trasladado desde la actual Gran Vía al patio de las Siervas de San José. Las Siervas permitieron a Pablo Beltrán de Heredia dar la vuelta a la fachada del edifico para que los salmantinos pudieran disfrutarla. Con la intervención en el palacio y en la plaza se embelleció el entorno que hoy solo afea el solar del que fuera teatro Bretón.
El alcalde Pablo Beltrán de Heredia, último alcalde de la era Franquista, llegó a un acuerdo con las Siervas de San José que benefició a todos y modernizó las instalaciones del colegio.